Un juego de palabras o ¿Cómo des/entrañar Veracruz?

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Texto: Geraldine L. Guerrero

Fotografía: Javier Marquerie Bueno

El sábado pasado Luisa Pardo de Lagartijas Tiradas al Sol presentó Veracruz, nos estamos deforestando o cómo extrañar Xalapa dentro de la programación de El Lugar Sin Límites 2016 en el Teatro Pradillo de Madrid. Una semana antes yo le había escrito a Óscar para decirle que me acompañaran a verla, él y Carlota. Coincidencia o no, a los pocos días me comentan que hace falta una persona que escriba sobre la obra y que si lo puedo hacer yo, a lo que respondí que sí, que me encantaría. Tal vez suene místico pero creo que no es casualidad que el encargo le llegara finalmente a una persona que conoce bien Xalapa.

De camino a la sala, por los pasillos del metro, encuentro un anuncio turístico de México con la maravillosa imagen de la pirámide de Tulum y el azul cristalino de las aguas del caribe que la resguardan. El eslogan es: México, Vivirlo para creerlo. Como si se tratara de una insinuación, el anuncio nos da una de las claves para desentrañar esa compleja realidad. En la página web correspondiente salta a la vista en uno de los banners la frase ¿Cómo explicar lo inexplicable? Algunas cosas no las puedes explicar, las tienes que vivir. En la página de turismo del Estado de Veracruz, leemos Veracruz Incomparable. Me pregunto sobre la extraña correspondencia entre esas frases, las imágenes promocionales y las vivencias. Ahí lo dejo. En la obra tuvimos la oportunidad de ver hermosas imágenes del territorio veracruzano, de su naturaleza. Porque siempre se dijo Sólo Veracruz es bello y ahora podemos añadir, Sólo Veracruz es recio. Aunque no sólo este fragmento de tierra y gente, todo el país lo es. México es un territorio de paso que enlaza político-económicamente el norte, el centro y el sur de las Américas, y lo que se comercia entre medias y cómo se mueve es todo recio. En este momento de globalidad creo que necesitamos ampliar la perspectiva regional o nacional para dar una explicación a la brutalidad expresada en el país. En esas escalas encontramos los acontecimientos puntuales, escalofriantes, pero todo eso está inmerso en una estructura de intereses de alcance mucho mayor para lo que este país ha sido una tierra fértil. Una perspectiva más amplia nos da la oportunidad de posicionarnos frente al tema a nacionales y extranjeros.

Luisa comienza explicando que se trata de una conferencia y por tanto el formato tiene una función informativa, descriptiva, que expondrá los hechos. Además sitúa al público enunciando uno de los motivos para contar esta historia, el asesinato de Rubén Espinosa y de Nadia Vera en julio del 2015. Este fue el acontecimiento que expresó en su máximo la capacidad destructiva de las fuerzas del Estado de Veracruz, pero son muchos los casos de diferentes características que han teñido de sangre, dolor e impotencia a sus habitantes. ¿Hablar o no de Rubén y Nadia para ser vistos en el teatro? Es una pregunta que viene del pudor de sentir que se pueda recibir un aplauso tras la presentación de algo atroz. Al final de cuentas tenemos que hablar para que se sepa. Si nos silenciamos pasará más rápido al olvido y mientras no haya justicia por otros canales, porque está claro que reparación del daño no habrá, tal vez el único tratamiento justo del hecho sea no dejar que caiga en el olvido. La obra se presentó el 1 de octubre, un día antes del 2 de octubre mexicano, 2 de octubre no se olvida se oye en esa fecha por las calles de México. No se olvida no sólo por que fue una masacre histórica sucedida en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, Ciudad de México en 1968, si no porque la represión persiste, hacia estudiantes en particular, y civiles en general.

A través de la obra vamos transitando por diferentes momentos históricos de esta tierra, su ubicación geográfica que le dio un lugar central al Puerto de Veracruz, en el desarrollo de las relaciones políticas nacionales e internacionales, pues es la entrada de y salida hacia Europa por mar, la conexión con el Atlántico. También se nombran algunas personalidades políticas relevantes y datos, llamémoslos curiosos, de sus gestiones. Entre medias algunos testimonios de personas vinculadas a la región, que expresan diferentes apreciaciones sobre cómo se viven estos hechos. ¿Cómo supe de Nadia? Una voz masculina narra como se enteró. Podríamos también hacer una obra a partir de esta pregunta, recuperando los fragmentos de testimonios de qué estábamos haciendo cuando nos enteramos y de cómo a todos nos devastó por igual. ¿Y qué hacemos con ese dolor? creo que es la siguiente pregunta porque hay que sobrevivir y continuar y darle dignidad a la existencia de las personas asesinadas, desaparecidas y encontrar caminos para seguir construyendo nuestras relaciones locales en un entorno de fragmentación del tejido social, sobre todo del que quiere expresarse desde la solidaridad y la justicia. El mensaje fue muy claro, los mataron a ellos para matar simbólica y potencialmente a los demás. Para silenciar a quienes quieran señalar la injusticia. Para que seamos ese alacrán al que le pican el lomo con algún instrumento para que se suicide. Esa vivencia infantil compartida por Luisa me pareció una metáfora genial del efecto político fulminante del asesinato.

Es muy cierta otra de las anécdotas contadas en la obra, es un comentario común entre la gente describir a Xalapa como una ciudad en la que antes se podía caminar en las noches sin mayor conciencia de peligro, al menos en algunas zonas (porque siempre tuvo colonias o barrios más pesados como decimos ahí) pero no es que ahora no salgamos en la madrugada, lo hacemos pero nos cuidamos más. Las relaciones de confianza tienen un peso mayor, será que la confianza vale ahora su peso en oro y que antes se daba un poco por sentada, puede ser. Lo cierto es que hemos tenido que naturalizar ciertas precauciones en nuestra movilidad que no te puedes para a pensar si tomas en cuenta o no y que “simplemente” las asumes como necesarias para continuar el día a día y disfrutar de la belleza de la vida ahí. Porque sí, porque sólo Veracruz sigue siendo bello. Existe la belleza en medio de la crueldad, es una paradoja pero muchos días uno pensaría que todo fue un mal sueño, una de esas noches de pesadillas, y sales adelante y caminas por la ciudad y la transitas aparentemente en paz y con felicidad. En Veracruz se sigue trabajando en otras formas posibles, soñando, amando, odiando, luchando, resistiendo, a veces en niveles que parecieran tener poco efecto para que cambien las cosas en general pero que en la vivencia de cada quien permiten seguir adelante y no dejarse, por lo menos no dejarse tanto, y mantener cierta alegre rebeldía y defender la digna rabia, y expresarla creativamente. No es retórica adjetivarla como creativa es sólo difícil de describir más puntualmente como se generan recursos para sobrevivir en un medio de miedo. Xalapa no ha dejado de ser una ciudad estudiantil, a donde muchas personas llegan a realizar sus estudios de licenciatura en el campus más grande de la Universidad Veracruzana, aún pública, con un sistema escolarizado o abierto para algunas carreras y de costos más accesibles que otras universidades del país ofreciendo una relación calidad-precio respetable. Tal vez sea la institución con más legitimidad del Estado si no es que la única. En los últimos años ha estado pasando por una crisis financiera porque los movimientos políticos también la han desdeñado. Aún así persisten la conciencia y los actos de querer conservarla, pública y de calidad, responsabilizando a quien haya sido necesario. Xalapa es una ciudad que desde principios del siglo XX, fue definida por algunas de sus autoridades como ciudad cultural, la Atenas Veracruzana, y fue también  en esos tiempos el escenario de uno de los movimientos artísticos vanguardistas del país, el Estridentismo, al que la génesis misma de la fundación de la Universidad Veracruzana le debe bastante. Eso nos lo cuenta la Organización Teatral de la Universidad Veracruzana (ORTEUV) en su obra Estridentópolis, nombre con el que la ciudad fue bautizada por los participantes de aquella histórica vanguardia cultural.

Es cierto que Xallapan (su nombre en náhuatl, el manantial en la arena) ha crecido desmedidamente en los últimos 15 años aproximadamente, en muchas cosas no tiene una planeación responsable ni hacia los ciudadanos ni en los cuidados del entorno natural en el que se sitúa, un proceso similar al de otras ciudades de Latinoamérica. La especulación sobre el uso del suelo y la explotación abusiva de los recursos naturales también operan allí. La desigualdad social es alta como se menciona en la obra. Durante 2011 y 2012 la vida xalapeña sufrió un giro de 180º y no es que no hubieran sucedido cosas atroces en años anteriores, que continuaron presentándose, sino que en esos años se cayó de manera generalizada el velo de Aquí no pasa nada. Sí, se pintaron de rojo las paredes de muchos edificios, las insignias, los taxis (el despliegue de taxis da para una obra de teatro en sí), las manos, las lágrimas, la incomprensión y la impotencia se tiñeron de rojo también. Fantasías crueles hechas realidad como las carreteras que no llevan a ningún lado junto a las propuestas políticas alejadas de las necesidades e impresiones de los ciudadanos son también los puentes construidos a medias por el Estado, literal y metafóricamente. La sensación de hueco en el estómago se fue haciendo más permanente, más presente a la hora de decidir qué hacer, dónde y con quién. ¿Para qué?, ¿Qué tanto quieres saber?.

Retomando las palabras de Agustín Lara compositor de Veracruz podemos decir que […] es un rinconcito de patria que sabe sufrir y cantar […].

Las plantas en el escenario evocan la vegetación exuberante del Bosque de Niebla, un micro clima rico en variedades de árboles y flores, por el que Xalapa fue bautizada como la Ciudad de las Flores por Alexander von Humboldt en el s.XIX,  quien también destacó algunas actividades y lugares culturales de aquella época. A lo largo de la obra vemos como estas plantas cambian de uso simbólico para ser el marco de un altar dedicado a las muertes y desapariciones en esas tierras. Otra canción nos ayuda a conectarnos con el sentimiento de dolor y la ofrenda, La Salida de Jarocho Barrio, un son jarocho actual que es una de las expresiones musicales desarrolladas en Veracruz:

Entre lluvia de metralla voy buscando libertad

voy buscando libertad entre lluvia de metralla

[…]

Es una bestia canalla que me ha robado la paz

entre lluvia de metralla voy buscando libertad

[…]

A la guerra voy, pensativo fui, si muero será por ti

No me gusta ver sufriendo mi bandera, mi raíz

[…]

Voy buscando libertad en cuanto aclare el sereno

En cuanto aclare el sereno voy buscando libertad

[…]

Que no me deja mirar el camino y el terreno

Voy buscando libertad en cuanto aclare el sereno

[…]

En los bosques del pasado

creo encontrar la salida

regresare por lo andado

Creo encontrar aún prendida

La llama del quinqué extraviado

que iluminaba la vida

A la guerra va, a la fuerza iba, iba buscando salida

Iba buscando la paz y en su corazón astillas

Tal vez esta nota se lea en un tono de promoción turística, fue el juego para tratar de escribir sobre esa realidad compleja. Para que el relato del horror no se vuelva impenetrable, para traspasar el peso del silencio, para que no se bloqueen las ganas de viajar a México y conocer Xalapa. Llegar tomar un buen café de la zona aledaña de Coatepec, hacer preguntas de la vida normal, conocer gente y trabajar en una ciudad donde aún con todo esto, se sigue buscando el camino y se hace el camino al andar. En Veracruz vivimos, soñamos, reflexionamos y actuamos, con precaución pero se hace. Así como al final de la obra algunos espectadores se acercaron con curiosidad al escenario, acérquense a México, no dejen de mirarnos y ser eco de las voces que siguen buscando justicia, paz y libertad. Será la mejor ofrenda que se pueda regalar a la memoria de los que ya no están con nosotros y a la presencia de los que sí.

Gracias Madrid por dar un espacio y tiempo para enunciar todo esto, por permitir sentirse vivos y en paz, por el Madrid nocturno que no duerme y se camina con gusto, por los espacios escénicos y su gente que encuentra los modos de hacer en medio de la precariedad generalizada, por las cañas y tapas en domingo por la tarde en la Plaza Agustín Lara en Lavapiés para recordar Veracruz en un 2 de octubre que no se olvida y dejar huella del trabajo entrañable de las Lagartijas Tiradas al Sol, en una ciudad donde el sol brilla muy a su bella y resistente manera.

Enlaces de Interés:

Blog de Shantí Vera

Estridentópolis

Página web de Turismo de México

Página web de Turismo del Estado de Veracruz

Veracruz de Agustín Lara en la voz de Toña La Negra:

Salida de Jarocho Barrio:

 

Xalapa, Veracruz: la Ciudad de las Flores de Alexander Von Humboldt

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