Contar para/sobre vivir 2: Edurne Rubio y Sergi Fäustino.

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Texto: Oihana Altube.
Fotografía: Javier Marquerie Bueno.

Introducción:

Escribir, no es tarea fácil. A mí se me instala “el otro” en el lado izquierdo de mi frente, y se me dispara en juez. Eso no es nada cómodo. Durante años en terapia, a esta fuga endemoniada, la hemos llamado narcisismo. Estos días la nombramos como “tu madre”. Entre sueños, esta noche, el lado izquierdo de mi frente tenía figura de Pablo Caruana, mi padre y artistas, muchos artistas. En realidad, da igual. Esa constante fuga hacia el otro, en su persistencia, es un camaleón. Cambia de color, según contexto y situación. Según temperaturas del afecto, el mío, ese del que me escapo corriendo por el lado izquierdo de mi frente. Pelearse con ello, no es bueno, la cosa empeora. Mejor centrarse en el pecho, entre el diafragma y la tráquea, a ver qué está sucediendo por ahí, y dejarse temblar, doler, rabiar y dejarse ser memoria, y entonces preguntarse si lo que necesitas es un té caliente, un buen paseo con el perro, dormir, un poco de Anthony and the Jonsons (con el que siempre lloras) , o cualquier cosa que te haga sentir cuidado.

Luego está la inmensidad. En este cuerpo tan concreto. Y resistirme a las prácticas de extrañamiento de los objetos (de este teclado, que ahora, alzaría, testearía su peso, tal vez con mi cabeza sobre él). Y tener que atenerme, en plena inmensidad, a concretar, delinear, pulsar, perfilar, y a ser posible generar algo de sentido de todo esto. Para no quedarme sola.

Escribir, no es tarea fácil. A mi me interesa la inmensidad. En este cuerpo tan concreto. El lado izquierdo de mi frente, me la trae floja. Pero, que a mí me interesa la inmensidad, lo he ido descubriendo hace poco, es algo bastante nuevo para mi. Estoy en plena novatada y me genera cierta vergüenza, y muchas preguntas (como brechas, dardos y horizontes de niebla).

(Es complejísimo, desatascar los conductos rizomáticos entre lo pre-verbal y lo verbal. Es tarea para toda un vida. maravillosa tarea)

Ayer fui al CDN dentro del Festival El Lugar sin Límites y vi los trabajos de Edurne Rubio (Light Years Away) y Sergi Fäustino (Fäustino IV o Concierto para esfuerzo y sonido).

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Nudo:

En la oscuridad, noto el frescor en la piel de mis manos y en la de mi cara. Son las únicas que quedan al descubierto entre tanta ropa. Me fascina la calidez del frío, y comienzo a bostezar, mis párpados caen de placer, escucho el sonido del agua, el eco de piedras, imagino estalactitas, recuerdo estalactitas en mi vida. Pienso en Itsaso, en esto que nos decía del respirar, al teatro se viene a respirar. Y ya no paro de hacerlo, y mi peso cae, y me amanso. Me quedo mansa, mientras mi cuerpo va resonando por doquier, me pregunto si esto también es contratransferencia somática. Me encanta la oscuridad. Cómo Edurne escoge los silencios, el tiempo que les regala. Las imágenes ante mi, se hacen espacios. Agradezco que me den espacios. Y la voz, y el texto, a la vez. El cuidado de los sentidos, constante. Siento miedo, cuando nos adentramos por grietas estrechas. Me calman los lagos que vamos encontrando. Estalla la luz, y penetra en mis retinas, las fulmina durante un buen rato, la luz se queda en ojo, el negro pierde la batalla. Me fascino por lo humano, es inevitable. Me imagino cueva. Recuerdo las palabras de Iraitz “el psiquismo necesita un lugar”. Ojo Gareña me empieza a resultar perfecto. El CDN tampoco está nada mal. Empiezo a imaginar los huesos y huesos que habrán habitado este teatro. Las huellas de la historia. Aquí. En esta cueva que pocas veces nos es accesible. Deviene el silencio. No es lo mismo el silencio cuando uno sabe que no está solo, que cuando uno sabe que está solo. Cuando uno sabe que está solo, empieza a escuchar su corazón. Ayer Sergi nos dejó escuchar el suyo. Su cuerpo/cueva devino en sonido, y yo notaba temblar la tarima conmigo en ella. Sentía cierto eco en mis manos, que temblaban muy ligeramente. Y al mirarlo, volvía a sorprenderme por ese cuerpo, de enormes clavículas y ojos pequeños. Un cuerpo que lleva tiempo apareciendo en mi camino, y que me sigue dejando perpleja en su estar (llamémosle presencia, o lo que sea). Y se me abría la boca, y se me torcía el ceño, y me quedaba cual imantada, ante lo que se me presenta de manera tan entera, tan entera, que me deja completamente atenta, a la caza de cualquier grieta que me haga comprender lo que está pasando ahí, en ese cuerpo/Cyborg. Tumbarme, y escuchar fluidos de sangre, calor de piel, respiración en máscara, corazón que corre, pulsos, latidos, pulsos en tormenta. Tormenta de cuerpo, truenos en mis oídos, en mis contornos que atraviesan epidermis, y bombardean células, y sentirme dormir, en cuna, en esta cueva/cuna que tan pocas veces nos es accesible. Se abre un foco, me incorporo, frente a mi está Sergi. Quieto. Su pecho no está quieto. Suda y lo humedece. Siento que me mira. Yo lo miro. Empiezo a pesar tanto y tanto y mi pecho comienza a resonar tanto y tanto, que me anclo. Imposible moverme de ahí. Veo, veo mucho y no hay palabra, ni imagen en mi cuerpo. Solo veo entera, entero. La luz se apaga, veo un reloj que se marcha y me lanzo al suelo, estoy agotada de tanto ver, agotada de placer, solo puedo respirar, transpirar. Tardo un buen rato en incorporarme, la sala está prácticamente vacía, y no quiero cerveza, ni nada mas, estoy perfecta, perfecta para volver a casa.

Desenlace:

Lo que hacemos tiene sentido. El arte tiene mucho de espeleología. El cuerpo tiene mucho de caverna. El CDN tendría que sernos accesible siempre. Lo que hacemos necesita espacio. Para que el ojo/cuerpo no se sienta encerrado. No sentirte encerrado te permite respirar mejor, lo somático se ensancha. Nos tienen encarcelados. No es lo mismo pequeño que grande. No se vive igual. Deberíamos poder escoger. No es lo mismo ver desde el lado izquierdo de la frente, que desde la inmensidad, de este cuerpo tan concreto. Recomiendo la inmensidad. Pasan más cosas desde la inmensidad. Aunque asuste. El cuerpo/cueva, la cueva/cuerpo no son positivistas. Es otro el paradigma. El teatro debería de aferrarse al paradigma cuerpo/cueva, cueva/cuerpo. Si no el lado izquierdo de la frente se glorifica, se apodera y tiraniza. Y eso no sienta bien. Tampoco es interesante. Pasan pocas cosas que no sepamos ya desde ahí. Lo que hacemos tiene sentido, por que nos ofrece inmensidad en estos cuerpos tan concretos. (Yo quiero espacios como el CDN siempre. Por lo menos de momento. Me sienta bien)

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